En mi pintura cada cuadro cuenta una historia, un símbolo sólo es un símbolo cuando remite a algo conocido. La representación es casi una equivalencia, más aun, una analogía. Los símbolos pueden ser literales y literarios como en el surrealismo o pueden ser sugerente como en el arte abstracto. El ritmo, entonces, será sugerente: lento, rápido, repentino, repetitivo, con diferentes intervalos e intensidades. Para comprender el lenguaje o el vocabulario de un artista determinado, en un modo no descriptivo, la actitud de espectador debe ser atenta, con deferencia, resistencia y paciencia y no importa si no la comprende con facilidad: a medida que el tiempo pase, la gente verá cosas nuevas en la obra, cosas que el artista no puso o no supo que las había puesto en ella, las sucesivas analogías o asociaciones de los temas hacia los símbolos serán leídas y reinterpretadas

Estructuras efímeras. Contenedores del alma.

Según Platón el alma es inmortal e incorruptible y su unión con el cuerpo es antinatural y accidental, pues su lugar conveniente

es el mundo de las Ideas que es eterno.

El cuerpo es una especie de cárcel efímera, una estructura frágil y decadente que la mantiene cautiva.

Según una investigación científica de 1907 el alma pesa 21gramos, que es el peso que pierde el cuerpo en el último aliento.

21 gramos de pasión, de color, de energía, ese impulso, movimiento, ese ser en potencia que se pierde como el agua entre las

manos cuando el contenedor flaquea, cuando tiembla y muestra el final del trayecto. Esa captura es lo que intento plasmar en esta

serie de obras pintadas a finales de este año 2022 convulso, reflexivo e incierto.

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