En mi pintura cada cuadro cuenta una historia, un símbolo sólo es un símbolo cuando remite a algo conocido. La representación es casi una equivalencia, más aun, una analogía. Los símbolos pueden ser literales y literarios como en el surrealismo o pueden ser sugerente como en el arte abstracto. El ritmo, entonces, será sugerente: lento, rápido, repentino, repetitivo, con diferentes intervalos e intensidades. Para comprender el lenguaje o el vocabulario de un artista determinado, en un modo no descriptivo, la actitud de espectador debe ser atenta, con deferencia, resistencia y paciencia y no importa si no la comprende con facilidad: a medida que el tiempo pase, la gente verá cosas nuevas en la obra, cosas que el artista no puso o no supo que las había puesto en ella, las sucesivas analogías o asociaciones de los temas hacia los símbolos serán leídas y reinterpretadas

Pinturas para después del Apocalipsis

Hace tiempo vengo observando con atención la evolución del mundo en relación con la convivencia y la sociedad. No cabe más que decir que le panorama no es nada alentador en vista de la involución que estamos viviendo. Por mi parte a lo largo de mi vida siempre he sido optimista y siempre he pensado en un futuro mejor, pero la realidad es tozuda y se empeña en mostrar como el ser humano tropieza una y otra vez en la misma piedra. Sin embargo mi realidad también es tozuda y será por la fuerza de la costumbre siempre propensa al optimismo.

Por ello cada vez que me planto frente a un papel en blanco de una forma u otra plasmo de manera natural unas pinturas que transmiten cierta esperanza y alegría. Eso es lo que quiero compartir con esta serie en diferentes formatos que cuando los veas pienses aunque sea un segundo que después del Apocalipsis que se avecina hay un rayo de luz, un color, un trazo que te recuerda que hay que soñar, que podemos ser mejores.

José Ballester

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